Netflix lo ha vuelto a hacer. Tras el éxito global de La casa de papel, la serie surcoreana El juego del calamar se ha convertido en lo más visto de la plataforma en 90 países, y su popularidad ya está traspasando la pantalla.

Tal y como pasó con el mono rojo y la careta de Salvador Dalí, parece que el chándal verde y las Vans blancas que llevan los personajes de El juego del calamar se convertirán en el disfraz más repetido de este Halloween.

Según Variety, que recoge datos de la tienda de zapatillas Sole Supplier, las ventas de Vans blancas sin cordones han experimentado un aumento del 7800% desde que Netflix estrenó la serie a mediados de septiembre.

Lyst, una firma de tecnología especializada moda, añade que las zapatillas blancas sin cordones, en general, se buscan un 97% más en internet.

Pero, aunque muchos fans están tratando de recrear los uniformes de los 456 concursantes que compiten en los juegos, otros prefieren disfrazarse de “los malos”. Los monos rojos y las máscaras de esgrima también han visto un significativo aumento de búsquedas, según las estadísticas de Google Trends.

Incluso los vendedores de dalgona, una golosina coreana que aparece en el segundo juego, han multiplicado sus ventas gracias al éxito de la serie. Por no hablar del pobre tipo que recibía miles de llamadas diarias porque su número de teléfono real salía en un episodio, o del proveedor de Internet que demandó a Netflix porque demasiada gente estaba viendo la serie al mismo tiempo.

El juego del calamar es, en definitiva, un nuevo fenómeno global de habla no inglesa como los que solo Netflix consigue hacer. Y eso que la promoción de la serie fuera de Corea ha sido mínima, y casi todo se lo debe al boca a boca.

Con información de Gizmodo